jueves, 3 de abril de 2008

el principio.


Mirando al horizonte del interminable océano recordó por segunda vez en el día el reflejo de sus ojos. Intento recordar de qué color eran, pero sus memorias escondían mucho más que un simple color caramelo quemado.
Cuando los vio por primera vez quiso verse reflejada a ella misma. Pero se encontró con una oportunidad que la tomo por sorpresa. Y con su joven corazón dispuesto a todo decidió arriesgarse.
Había visto libertad. Todavía hoy no sabe si en ese momento quiso o no a este pequeño trotamundos. Pero pocas veces en su vida se encontró con la posibilidad de hacer algo inesperado para esas personas que se dedican a comentar vidas ajenas. Y sus imparables impulsos tomaron la iniciativa sin consultar a la coherencia ni al corazón.
Confió en el azahar, en la fe y en si misma. No dejo llegar a sus oídos comentarios desilusionantes. Se dejó llevar por sus decisiones y no pidió consejos al mundo. Y cuando se despertaba cada mañana en el espejo veía el reflejo de lo que ella pensaba de si misma y no como la veían los extraños ojos de desconocidos que solo saben resaltar errores y defectos.
Y todos los días recuerda los ojos del intrépido trotamundos Por que en ellos encontró por primera vez la imagen de lo que quería ser el resto de su vida.

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