jueves, 3 de abril de 2008

un juego

Ella no entendía. Buscaba luchar contra sus propias reacciones, pero no podía. Hubiera querido hacer como en las películas y tomarse un avión a París, pasar tres meses ahí y al volver todo habría pasado. Pero en la vida real nunca podes escapar de tus sentimientos. Lo estaba aprendiendo ahora.
Su mirada, esa que no podía dejar de imaginar. En los mismos ojos donde se había encontrado a ella misma ahora podía ver también un futuro.
Estaba aterrada. La emocionaba vivir al filo de lo inesperado, pero no soportaría inventar una historia que jamás ocurriría. Ya había malinterpretado señales una vez y no fue fácil recuperarse.
El pequeño impredecible había jugado fuerte. No tenía miedo a mostrar al mundo que estaba con ella. No importaba lo que dijeran las malas o buenas lenguas. No importaba nada más que estar juntos.
El era un muñeco de vidriera, le gustaba que supieran de él, quería llamar la atención. Y ella, con su apellido reconocido dudaba de sus palabras. Tal vez solo era un juego para el pequeño. Se esforzaba por tomárselo también como un juego, pero estaba poniendo mucho más de ella misma.

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