jueves, 1 de mayo de 2008

retazos de alegrías

Este fragmento del alquimista la hizo recordar con nostalgia a alguien. O quizá a algo:

Entonces fue como si el tiempo se parase y el alma del mundo surgiese con toda su fuerza ante el. Cuando vio sus ojos negros, sus labios indecisos entre una sonrisa y el silencio, entendió la parte más importante y más sabia el lenguaje que todo el mundo habla y que todas las personas de la tierra eran capaces de entender en sus corazones. Y esto se llamaba amor, algo más antiguo que los hombres y que el propio desierto, y que sin embargo resurgía siempre con la misma fuerza doquiera que dos pares de ojos se cruzaran como se cruzaron los de ellos delante del pozo. Los labios finalmente decidieron ofrecer una sonrisa, y aquello era una señal, la señal que el espero sin saberlo durante tanto tiempo en su vida, que había buscado en las ovejas y en los libros, y en los cristales y en el silencio del desierto.

No hay comentarios: