lunes, 9 de junio de 2008

el llanto de esta historia


Y por primera vez sus ojos se cristalizaron frente al recuerdo del pequeño desilusionador. Y junto a sus lágrimas llego una lluvia de renuncias. Renunció a el, a dejarse llevar, a estar pendiente, a ilusionarse, a pensar en un futuro.
No le gustaba plantearse la realidad, eso la asustaba mucho. Pero una amiga y unas impredecibles actitudes del susodicho la habían echo caer en esa pesadilla.
Y recordó esa frase que alguna vez había leído en algún libro: nunca vivas a medias las cosas, ni las buenas ni las malas. Las buenas te hacen feliz, pero las malas te hacen parcialmente feliz y además te enseñan muchas cosas. Y con la mirada cansada y la sonrisa descocida de nostalgia recordó lo aprendido. De alguna manera la hacia sonreír un poco más.
Había llegado la hora de aceptar lo que ya sabía. Era idiota sublevarse contra el destino. Si las cosas no se daban era por que no debían ser de ese modo. Sin duda no eran el uno para otro, y donde uno no quiere dos no pueden. Seguramente ella hubiera sido lo mejor que el jamás hubiera tenido. Pero a ella la esperaba algo mejor. O por lo menos algo diferente, por que sin duda esta historia ya se había marchitado días atrás, cuando él decidió decirle que ella era demasiado buena y él no la merecía. Y si él no estaba dispuesto a enfrentarse al que dirán, sola jamás lo lograría.
Y casi sin pensarlo ya era la de antes, con la misma ideología. Donde el cielo vale mucho más que la tierra, donde la vida esta para probar y luego en el cielo se vivirá de verdad. Donde ser feliz a pesar de todo era una orden superior del espíritu.
Siempre fue una mujer de las que rompe puentes con solo cruzarlos, por que solo así no podría volver atrás.

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