
Que lastima que esa persona no supo valorarla. Que lastima que creyó que era tan buena que soportaría todo. Que lastima que no le haya dicho nunca que fue lo mejor que el tuvo. Que lastima que no pudo retenerla. Lastima para el y suerte para ella que salio a buscar nuevos caminos donde nadie la lastimara. Y volvió a pensar como en aquellas solitarias épocas: “si es estoy sola solo puedo lastimarme yo misma. Ye so nunca va a pasar”. Pero no dejó de sonreír ni un segundo, no podía saber en que momento alguien podría enamorarse de ella.
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