
Sonó el teléfono y escuchó la mala noticia.
Una vez más cielos grises custodian sus ojos mojados, y una taza de café caliente intenta calentar su alma.
Hubiera querido gritarle, vaciarse de sentimientos y decirle todo. Pero siempre se había quedado muda frente a las decepciones. La manera de expresar la impotencia no es algo voluntario.
Esta vez el golpe no la dejaba respirar. Su momento de shock había silenciado su corazón hasta el punto que, de tanto callar, olvidó como se hablaba y todas las palabras para enunciar sus auténticos sentimientos. Y entonces solo quedó el perturbador silencio.
Era lo único que tenía por ahora: la dura realidad y un puñado de fantasías. Resolvió jugar con las fantasías hasta que la realidad se acabe y pierda el sentido. Y algunos lo llamaran demencia. Pero para ella era el único remedio.
Una vez más cielos grises custodian sus ojos mojados, y una taza de café caliente intenta calentar su alma.
Hubiera querido gritarle, vaciarse de sentimientos y decirle todo. Pero siempre se había quedado muda frente a las decepciones. La manera de expresar la impotencia no es algo voluntario.
Esta vez el golpe no la dejaba respirar. Su momento de shock había silenciado su corazón hasta el punto que, de tanto callar, olvidó como se hablaba y todas las palabras para enunciar sus auténticos sentimientos. Y entonces solo quedó el perturbador silencio.
Era lo único que tenía por ahora: la dura realidad y un puñado de fantasías. Resolvió jugar con las fantasías hasta que la realidad se acabe y pierda el sentido. Y algunos lo llamaran demencia. Pero para ella era el único remedio.
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