
Ella ya no habla de vivir sin miedo, sino todo lo contrario.
Las circunstancias de la vida la han llevado a entender que la vida es un gran miedo.
El sentimiento nunca la abandona a ella ni a nadie. El existir en este mundo es un milagro y en cualquier momento todo puede acabarse. Aun que hoy digas “tengo miedo” aun que grites del pánico, aun que te sofoques, aun que te tomes un coctail de calmantes… el miedo persiste.
Y con sus mil problemas y fantasías girando en su mente, ella se rinde al miedo… y días después sabe que hizo bien.
Es que no hay que huir de él, sino aprender a vivir con eso. Es como el shing y el shang. El miedo siempre estará ahí, a veces más fuerte, a veces más débil. Pero hay que despertarse cada día con miedo y salir a la vida igual. Hay que festejar con miedo, pero festejar igual. Hay que amar con miedo, pero amar igual. Hay que llorar con miedo, pero llorar igual. Hay que confiar con miedo, pero confiar igual. Hay que soñar con miedo, pero soñar igual. Hay que jugar con miedo, pero jugar igual. Hay que pedir perdón con miedo, pero pedir perdón igual. Hay que arriesgar con miedo, pero arriesgar igual.
Hay que vivir con miedo, pero vivir igual.
Las circunstancias de la vida la han llevado a entender que la vida es un gran miedo.
El sentimiento nunca la abandona a ella ni a nadie. El existir en este mundo es un milagro y en cualquier momento todo puede acabarse. Aun que hoy digas “tengo miedo” aun que grites del pánico, aun que te sofoques, aun que te tomes un coctail de calmantes… el miedo persiste.
Y con sus mil problemas y fantasías girando en su mente, ella se rinde al miedo… y días después sabe que hizo bien.
Es que no hay que huir de él, sino aprender a vivir con eso. Es como el shing y el shang. El miedo siempre estará ahí, a veces más fuerte, a veces más débil. Pero hay que despertarse cada día con miedo y salir a la vida igual. Hay que festejar con miedo, pero festejar igual. Hay que amar con miedo, pero amar igual. Hay que llorar con miedo, pero llorar igual. Hay que confiar con miedo, pero confiar igual. Hay que soñar con miedo, pero soñar igual. Hay que jugar con miedo, pero jugar igual. Hay que pedir perdón con miedo, pero pedir perdón igual. Hay que arriesgar con miedo, pero arriesgar igual.
Hay que vivir con miedo, pero vivir igual.
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