Llegó lo que esperaba, lo que necesitaba.
Había estado semanas sintiéndose colgada de una cuerda floja, ya ni sabia quien era ella misma, dudaba de su propia esencia. Pero la salvo una conversación entre amigas, como las de las épocas de los pijamas partys donde cada una confesaba sus amarguras mas ocultas, donde se comía chocolates, y donde al final de la noche todo terminaba en risas.
Sintió alivio y satisfacción seguido por un gran orgullo y una dosis de humildad a la que le siguió una lluvia de realidad.
Hacia tiempo que no se sentía tan útil o que no sacrificaba sus propios sentimientos por ayudar a alguien o que no se sentía necesaria como amiga.
Y ahora encontró su lugar, ahora sabe que no cambio, que sigue siendo la misma moralista de siempre. Que aún después de todos los errores cree que lo correcto siempre es el mejor camino…
martes, 30 de septiembre de 2008
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