Extrañar es echar de menos a alguien.
Pero extrañamos a esa persona o extrañamos esos momentos? O nos extrañamos a nosotros mismos siendo quienes éramos en esos momentos con toda la revolución de sentimiento y hormonas en nuestra sangre?
Yo diría que el añoro ata al amor. Siempre lo dije siempre lo diré, una alma en libertad puede llegar a verse solitaria, pero disfruta mas y sufre menos por que nunca tubo nada y nunca lo perderá.
Si dejamos de extrañar lo que no volverá podemos concentrarnos en lo posible, en lo real, en lo que vendrá… si me quedo extrañando me petrifico, me quedo echa una estatua en la vida que sigue moviéndose a cada segundo, mi cabeza se llena de fantasía y nunca consigo algo real. Ambiguamente creo tb que aquel que no extraña es una persona sin pasado. Y saber extrañar es tomar un recreo del presente para recordarnos que el futuro no debe ser inferior que el pasado.
El problema surge cuando esa añoranza se convierte en dolor. Pero que es lo que duele? No duele extrañarlo sino las ganas de tenerlo cerca y no poder. Duele la impotencia. Duele la injusticia. Duele saber que encontraste semejante tesoro y solamente la distancia te lo niega. Duele saber que te piensa. Duele saber que te morís de ganas de saber de el, de preguntarle como esta, de charlar de cosas vanas… y saber que cada palabra tuya se le clava en el alma como puñalada malvada. Duele tener que callarte por su bien. Duele ser victima de tus sentimientos.
martes, 3 de marzo de 2009
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