Había llegado una terrible ola de frío a la ciudad, y ella tan desprevenida, se había quedado sola… y la soledad no le molestaba, no le daba miedo, ni la decepcionaba, el problema llegaba cuando el insensible viento le hablaba al oído.
Le susurraba palabras que la hacían pensar en que ella necesitaba a alguien. Alguien que la hiciera sentir visible.
Un donde estas? Que hiciste hoy? Venís a comer? Como te fue? Te sentís mejor? Dormiste bien? Preguntas tan cortas, tan fáciles de pronunciar y tan triste cuando no hay nadie para pronunciar.
Cansada de sonreír a lo que venga, se estaba dando por vencida. Ni se imaginaba que todo estaba por dar un giro, se dedicaba a las quejas y reproches. No sentía placer por vivir pero pronto sentiría que todo había valido la pena. Y solo por este momento decidió ponerse orejeras, y que el viento se metiera en sus problemas
domingo, 17 de mayo de 2009
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