Había imaginado un mundo casi perfecto, lo había tenido, se acostumbro tanto a el, que había dejado de imaginarlo, y finalmente lo había perdido.
Llegaba su hora, y aun que hubiera querido nunca darse cuenta y recapacitar en sus propios errores, tenia que empezar a soñar otra vez. A olvidar que los limites son barreras que meten un concepto dentro de uno más grande, y ese en uno más grande, pero que nunca son sinónimos de impedimento.
Que no existe tal cosa como los límites, por que somos seres ilimitados.
Ahora entendía, razonaba, quizás en un ensueño durante sus viajes de dos horas en la línea 168, no sabia donde, peor en algún momento había viajado a Grecia, junto con Sócrates y platón analizaron el logos, el mundo sensible y ese mundo perfecto, y ahora en su silencio llegaba a la conclusión de que las fronteras existen para cruzarlas, si nadie las cruzara no serian conocidas, y nadie las nombraría.
viernes, 26 de junio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario