Lo que en el fondo necesitaba no era olvidarse del mundo, sino que el mundo se olvide de ella.
Y estaba a punto de lograrlo.
AVECES HAY QUE ESCRIBIR PARA DEJAR IR
Lo que en el fondo necesitaba no era olvidarse del mundo, sino que el mundo se olvide de ella.
Y estaba a punto de lograrlo.
Un día amaneció tan bien, tan café con leche, como diría Cortazar, y con todo el ímpetu que la vida le permitió conservar se dispuso a intentar.
Fuiste su momento de luces que después de un tiempo se convirtió en momento de sombras. Sos claroscuro, fuiste sus contrastes.
Abrió los ojos como cualquier otro día aun sabiendo que el resto de sus días nunca serian como sus pasados días. Las personas te marcan, alguien la había marcado. No importa si eran cicatrices o marcas de guerra o de alguna aventura, ni siquiera importaba si marcaban felicidad. Lo importante es que había cambiado para no volver, sin olvidar, simplemente escondiendo algunas cosas en alguna esquina sin nombre en su memoria.

Lo que en el fondo necesitaba no era olvidarse del mundo, sino que el mundo se olvide de ella.
Y estaba a punto de lograrlo.

Cuando estamos fuera de ella todo es tan claro, tan simple, tan elemental, que hasta parece sorprendentemente absurdo: había sido escuetamente un puñado de momentos bonitos, de aquellos que se deben recordar en momentos antónimos.
Hubiera querido tenerlo en frente y gritarle todas sus verdades en la cara, pero kilómetros los distanciaban. Quizá simplemente no tenia el nada que decir, quizá sentía tanto miedo a decir la verdad que no podía ni siquiera escribirla. Ella hubiera querido saber si por lo menos alguna vez se había sentado a contestarle y simplemente las palabras no le habían salido. El siempre hablaba de un día de estos, nunca entendió que ella es efímera, que ahora esta y mañana no, que hoy ama y mañana no, que hoy quiere y mañana olvida. Lamentablemente nunca pudo percatarse de lo débil de su alma, que un simple empujón era suficiente para quebrarla y una vez quebrada ya nunca volvía a ser la misma.
Y ella se pregunta que será de su vida, si alguna vez se acuerda de sus palabras al decir que “estaba en deuda” o de que “alguno de estos días” contestaría. Seguramente algo le pasaba, cualquier persona coherente ya lo habría echo, y así cerrada la historia, ella podría olvidar, archivar y perder memorias.
Al fin y al cabo no seria la primera vez.