
Y a pesar de todo el tiempo invertido en conciliarse con al vida, el paisaje seguía cubierto de penumbra. No entendía, no sabia que hacer, ya había perdido toda esperanza y todo sentido. El mundo se estaba cayendo a pedazos, y el amor no podía quedarse atrás.
Era entupido tratar de entender con la cabeza lo que le pertenece al corazón.
La llegada del amor a su vida siempre había sido controversial. Siempre fue feliz al verlo llegar, pero siempre fue golpeada y el sentimiento arrancado de raíz. Pisoteada sin sentido aparente, sin escrúpulos. Mirándola sufrir desde lejos… convencidos de que su alma fuerte podía recuperarse.
Su orgullo siempre había sido su más grande amigo. Siempre la había acompañado. Él le decía una y otra vez que no se dejara vencer, que ella era fuerte, que nadie la podía lastimar si ella no quería. Y si alguien lo hacia no tenia mas que ignorar a la tristeza y ser feliz.
Pero esta vez todo había cambiado. Su orgullo se había convertido también su más grande enemigo. Cansada de saber el final de la historia cometió el error de ser ella quien lastimara. Y sin darse cuenta y a pesar de haber pedido perdón se sentía más triste que nunca. Desilusionada de ella misma, lastimada por ella misma. Hubiera preferido ser la victima antes que sentir a agonía interior que no al dejaba respirar por momentos.
Y aun que su suerte había cambiado, aun que ya había aprendido. Aun que ahora hubiera querido no haber hecho nada, su corazón se siente en deuda.
Había llegado el momento de alejarse por un tiempo, de aislarse en su interior hasta que pase la tormenta mental. Buscar nuevos horizontes hasta que se ilumine nuevamente el actual. Un ciclo por el que ya había pasado antes. Solo había que esperar, aun que fuera cruel, y lo negara totalmente. Tenia que dejar fluir su vida, paso a paso, día a día. Que su única razón de ser sea la tarea quijotesca de vivir luchando por un sueño, ser feliz enamorada de la vida y todo lo que ella implica.
Era entupido tratar de entender con la cabeza lo que le pertenece al corazón.
La llegada del amor a su vida siempre había sido controversial. Siempre fue feliz al verlo llegar, pero siempre fue golpeada y el sentimiento arrancado de raíz. Pisoteada sin sentido aparente, sin escrúpulos. Mirándola sufrir desde lejos… convencidos de que su alma fuerte podía recuperarse.
Su orgullo siempre había sido su más grande amigo. Siempre la había acompañado. Él le decía una y otra vez que no se dejara vencer, que ella era fuerte, que nadie la podía lastimar si ella no quería. Y si alguien lo hacia no tenia mas que ignorar a la tristeza y ser feliz.
Pero esta vez todo había cambiado. Su orgullo se había convertido también su más grande enemigo. Cansada de saber el final de la historia cometió el error de ser ella quien lastimara. Y sin darse cuenta y a pesar de haber pedido perdón se sentía más triste que nunca. Desilusionada de ella misma, lastimada por ella misma. Hubiera preferido ser la victima antes que sentir a agonía interior que no al dejaba respirar por momentos.
Y aun que su suerte había cambiado, aun que ya había aprendido. Aun que ahora hubiera querido no haber hecho nada, su corazón se siente en deuda.
Había llegado el momento de alejarse por un tiempo, de aislarse en su interior hasta que pase la tormenta mental. Buscar nuevos horizontes hasta que se ilumine nuevamente el actual. Un ciclo por el que ya había pasado antes. Solo había que esperar, aun que fuera cruel, y lo negara totalmente. Tenia que dejar fluir su vida, paso a paso, día a día. Que su única razón de ser sea la tarea quijotesca de vivir luchando por un sueño, ser feliz enamorada de la vida y todo lo que ella implica.
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